movimiento se hacia patente, el trasiego, el ir y venir, aunque no era dia de laburo, sus gentes gustaban de disfrutar, un dia soleado, que invitaba a pasear , a montar a caballo y llegar hasta el lago, ese lago de aguas cristalinas, frías, suaves, que hacia latentes las emociones con sólo asomarse a él, cuando mirabas al fondo, era tal la belleza que desprendía, que te mareaba, y sentías una sensación de atracción hacia sus aguas, una necesidad de zambullirse en ellas, de impregnarse de su frescura, como si al meterte dentro de él, fueses a salir renovado, y al notar las gotitas resbalar por el cuerpo eso hiciera sentirse una persona nueva.

Aquella mañana, no parecía como todas, Héctor se levantó y miró por la ventana, como si su mirada pudiera viajar más lejos que el espacio y el horizonte que tenia enfrente de si, trataba de alcanzar con su mirada más allá de lo que podían ver sus ojos, se acordaba de Milena, de su última conversación, de cuando colgaron el teléfono, de lo que les costó, habían pasado cinco meses, y parecía que todavía sentía su presencia, y lo difícil que había sido despedirse de ella, le venia a la mente el dia en que se conocieron en el ascensor, sus músicas compartidas entre ambos pisos, sus guerrillas tangueras, lo recordaba y se sonreía, aunque al mismo tiempo eso le anudaba y le apretaba el corazón, desvió la vista de la ventana, y como el ritual de todas las mañanas el cimarrón matearía su ausencia, puso música...lo primero que tuvo a la mano, tangos por supuesto, y la casualidad o la causa-lidad...

Como un fantasma gris llegó el hastio...hasta tu corazón, que aún era mío, y poco a poco te fue envolviendo....y poco a poco te fuistes yendo.....Si grande fue tu amor cuando viniste, más grande fue el dolor cuando te fuiste....Triste tañido de las campanas, doblando en mi soledad.....Cada vez que me recuerdes, la noche amiga me lo dirá, y donde el cielo y el mar se pierden ¡cuántas estrellas me alumbrarán!...Cada vez que me recuerdes, tu pensamiento me besará...y cuando el fin de tu vida llegue, junto a tu vida me sentirás....

Se quedó escuchado la música, sin poder moverse, gracias al silbidito de la pava, volvió su mirada de nuevo a la ventana, se sentó y utilizó su mesita de madera, acariciaba sus asas, y sus patitas torneadas, era un ir y venir, un entrar y salir de su vida, saboreó el mate, mientras la música seguía sonando dando paso a otra canción, y después de arreglarse decidió salir a la calle, lo mejor que podía hacer es ir al lago, allí se sentía bien, era estar consigo mismo, era como navegar entre nubes, era una sensación difícil de explicar, lo único que sabia, que allí era como reencontrarse, nada le haría sentir mejor, que estar cerca de Aluminé en ese momento

Camino hasta las cuadras que estaban en la parte trasera de la casa, entró y se acercó a Troilo era tanguero hasta para eso, le puso el nombre a su caballo con todo el respeto a "Pichuco", primero pensó en Aníbal pero Troilo quedaba mejor, no había otro caballo como ese, cuando corría y trotaba "era música", ágil, firme y suave al tiempo, como el roce de los dedos del gordo en el bandoneón, se subió encima de él, y tras acariciarlo, y pasar sus dedos entre las crines, le dio una palmadita, y empezaron su andanza.

Héctor necesitaba ese paseo, necesitaba que la mañana le refrescase la cara, necesitaba sentir el aire, cabalgando llegó hasta el lago, el lago era enorme y pese a que era mucha la gente que lo visitaba, el tenia su rincón particular, conforme fue llegando empezó a sentirse mejor, amaba su lago, descendió del caballo, y aunque al ver el lago un nudo le apretaba su garganta, se refrescó su cara con el agua, ató el caballo en el árbol más cercano, se sentó sobre la hierba, y se apoyó con la espalda en el tronco, dejó su pequeña mochila al lado, sólo sacó el libro con intención de leer luego un rato, pero era demasiada la belleza del lugar, para distraer su mirada ni un instante, siempre que Héctor se acercaba a Aluminé, eran tan fuertes sus sensaciones, que es como si el mundo se parase en ese instante, se emocionó, eran demasiadas emociones acumuladas en su interior, notó el sabor del saladito de sus lágrimas, pero eso era bueno, es necesario dejar fluir de nuestro interior los sentimientos, expresar, eso nos hace sentirnos vivos, vivos y sensibles, vivos y fuertes, cerro los ojos y seguía viendo el lago, que sensación maravillosa, que bienestar, sólo habría deseado poder compartir ese momento con Milena, sentir su mano y poder acariciar la hierba juntos, la hierba verde y suave, el olor de la tierra mojada, abría los ojos para darse cuenta del lugar, para no perderse ni un minuto.

No había dormido bien y el cansancio se le apoderaba, la sensación de estar bien, hacia que sus ojos se cerraran, y le costase cada vez más abrirlos, un tibio sol le calentaba la cara entre las hojas y las ramas del árbol, no le quemaba, era cálido, miró el suelo y como por arte de magia, dos hojitas entrelazadas rodaron frente a él, se sonrió, parecían extraídas de su foto, pero se sentía cansado y de nuevo la necesidad de cerrar los ojos,era mayor a su voluntad de mantenerse despierto, mientras la brisa del aire le acariciaba incesante.

Se quedó dormido, no sabe si dormido o aletargado, pero en su mente, en sus sueños, o en su imaginación, Aluminé tomó forma de mujer, el lago se fue encogiendo en lo ancho y extendiéndose en lo alto, una mujer de cuerpo traslucido formada de gotas de agua, era un cuerpo que se podía traspasar, volvió a sentir la música en su mente, un tango que repiqueteaba incesante, el último que había sonado en su casa...
(SILENCIAMOS DEEZER)